COVID-19: Albores de Murcia continúa ofreciendo sus servicios de manera online a pesar de la situación de aislamiento y confinamiento

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El COVID-19 ha puesto en jaque al mundo entero. Algo que estaba muy lejano de nuestra realidad cuando los medios de comunicación informaban sobre el virus en el momento en que se originó en la ciudad china de Wuhan. Escuchábamos las noticias, ajenos a esta realidad, pensando que a Europa no le afectaría, porque como siempre, parecía que éramos inmunes, intocables, que no aquí no llegaría, igual que en otras ocasiones en las que han aparecido enfermedades y no nos han afectado.

Y pronto, el brote de COVID-19 llegó a Italia, país vecino. Aún así, nosotros, en España, seguíamos haciendo vida normal. ¿Quién nos iba a decir que de repente una pandemia pararía nuestras vidas? Y así continuamos con nuestra normalidad, nuestra rutina, nuestras vidas. Hasta que saltó la peor de las noticias: el COVID-19 había llegado a Madrid, la capital. Esa semana empezaron a saltar las alarmas. En Madrid empezaron a anular grandes eventos, se paralizaron las clases en los colegios, en las Universidades, se empezaba a sentir un ambiente extraño, los medios de comunicación solo informaban de la llegada del COVID-19 a España, pero todavía parecía que no era real.

En otras Comunidades Autónomas empezamos aquella misma semana a poner medidas de prevención en nuestros puestos de trabajo. Albores de Murcia, que atiende a familias y a menores puso en marcha una serie de medidas para evitar que los trabajadores pudieran contagiar a los compañeros, y estos a los usuarios a los que atendíamos. Ante la increíble realidad, cualquier precaución era poca.

El jueves antes de la declaración del Estado de Alarma ya teníamos indicaciones claras por parte de la dirección de la entidad: desinfectar todos los puestos de trabajo varias veces al día, mantener la distancia de un metro, como mínimo, tomar la temperatura a cada persona que entrara a los centros, salir lo imprescindible, informar si salíamos de la Comunidad, e incluso se propuso el teletrabajo. Todos los trabajadores, entre la sorpresa y la incredulidad, pero sabiendo que era necesario, entendimos que teníamos que poner en marcha las medidas y cumplirlas escrupulosamente, por nosotros mismos y por toda la gente que nos rodeaba.

Aquel viernes nos despedimos entre mensajes de humor e incertidumbre «Feliz fin de semana de confinamiento», «Dependiendo de cómo evolucione la situación, el lunes vendré a por mis cosas para poder teletrabajar». No sabíamos qué pasaría, solo que debíamos tomar todas las precauciones posibles.

Y aquel mismo sábado, el Gobierno de España declaró el Estado de Alarma. En ese mismo momento, todo el equipo de Albores de Murcia se puso a trabajar para poder seguir ofreciendo el mejor servicio a nuestros usuarios, pero evitando los desplazamientos. ¡Ahora sí!, teníamos que hacerlo mediante teletrabajo.

Teniendo en cuenta las características de los servicios que Albores ofrece, no es fácil llevar a cabo el trabajo de forma telemática. De hecho, la entidad tuvo que replantear todo el sistema de trabajo (como muchas otras empresas y organizaciones). Una de las claves del sistema de trabajo en Albores de Murcia reside en la intervención educativo-terapéutica que se realiza de manera directa con las familias y los menores, así como en las actividades que se realizan en los centros con los jóvenes. ¿Cómo trasladar nuestra forma de intervenir al teletrabajo? Tras tres intensos días, y con la colaboración de todo el equipo de profesionales de Albores, lo logramos. Albores se reinventó. No podíamos dejar de dar el servicio a nuestros usuarios, ni arriesgarnos a contagiar el virus a ninguna persona. Así, pusimos en marcha una plataforma virtual para poder comunicarnos con las familias, realizar la intervención educativo-terapéutica y para las reuniones de equipo. Los profesionales explicaron el nuevo sistema de trabajo a las familias, los nuevos protocolos, y ellas nos respondieron con amabilidad y comprensión.

Aquel lunes decidí que tenía que ir a la oficina a recoger mis cosas. A partir de aquel día sólo podíamos salir para lo imprescindible y debíamos trabajar desde casa.

Las puertas de los centros de Albores cerraban temporalmente.

Cuando llegué el lunes por la mañana a la oficina vi a tres compañeros. La sensación era extraña, parecía una huida, una espantada. Hablábamos a metros de distancia, recogíamos las cosas lo más rápidamente posible, las luces apagadas, realizábamos las últimas llamadas de teléfono desde la oficina… Oficina que de lunes a viernes estaba llena de vida: trabajadores atendiendo llamadas, realizando informes, trabajando en sus puestos, estudiantes de prácticas, usuarios que llamaban a la puerta, reuniones de equipo, sesiones de intervención, cursos de formación, el teléfono sonando, los momentos de distensión, alguna broma entre compañeros…

Pero aquel lunes todo era oscuro y silencioso.

Cogimos, todas nuestras cosas, sin saber cuándo volveríamos a vernos, cuándo volveríamos a estar en aquella oficina, hasta hace dos días llena de vida y en pocas horas vacía de presencia y de calor humano. Pero aquel mismo día entendí, creo que todos lo entendimos, que la oficina éramos nosotros. Las reuniones por Zoom, en las que nos animábamos, el apoyo de los responsables de la entidad y su ánimo, el trabajo incesante para poder seguir prestando el servicio a las familias en estos duros momentos, las bromas a través de WhatsApp y las felicitaciones por el buen trabajo, por el trabajo bien hecho, las reuniones de equipo, la comunicación entre compañeros…Todo eso seguía intacto. En nuestro caso, la adversidad estaba potenciado los aspectos positivos. Cada uno desde nuestra casa, desde nuestra oficina improvisada, continuamos trabajando, dando el servicio que ofrecemos a las familias y jóvenes que han confiado en nosotros, en Albores.

Y aunque aún queden unas semanas para volvernos a ver en esa oficina, para volver a coger el teléfono, a recibir a las familias en los centros, a intercambiar bromas, a abrazarnos, seguimos trabajando desde casa. Una gran parte del país, por desgracia, está parado, pero la Asociación Albores de Murcia sigue viva y funcionando, intentando, dentro de nuestras posibilidades, paliar el devastador efecto que en general está ocasionando la pandemia, y en particular entre nuestros usuarios.

En Albores seguimos trabajando para atender a las familias, a los jóvenes y a los niños que necesitan nuestro apoyo. Ahora lo hacemos desde casa, pero sabiendo que ahora más que nunca, vamos a salir adelante (porque Juntos Podemos) y que de esta extraña realidad vamos a aprender y a salir fortalecidos.

 

Alba Murcia García (Área de comunicación de la Asociación Albores de Murcia)

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