19 DE NOVIEMBRE: Día mundial para la prevención del abuso sexual infantil

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LA PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

La ONU (2020) establece que de los 204 millones de niños, niñas y adolescentes que hay en Europa, casi un 10% sufre abusos sexuales, un 23% violencia física y un 29% abusos emocionales. En relación al abuso sexual infantil, el porcentaje aumenta si tenemos en cuenta todos aquellos casos que, por miedo, vergüenza, desconfianza o lealtad con su ofensor guardan el secreto o se queda en el ámbito más privado de la familia. Cada vez más, las familias y profesionales cuentan con herramientas para abordar la realidad del abuso sexual infantil, una realidad para la que no estamos del todo preparados por la propia naturaleza del problema y, aunque siempre se intente avanzar en la búsqueda del bienestar infantil, queda un largo camino por recorrer.

Cuando un menor verbaliza ser víctima de abuso sexual o se tienen las sospechas de que esta situación se esté produciendo, las familias y/o profesionales recurren a los servicios especializados y/o autoridades oportunas, dado lo delicado del tema a tratar, el desconocimiento que existe sobre cómo actuar y la especial sensibilidad social que ello despierta.

En el caso de la Región de Murcia, desde el año 2003 la administración regional ha apostado por ofrecer un servicio de atención al abuso sexual infantil, algo que no sucede en todos los lugares del país. De esta forma, Proyecto Luz se consolida como el Servicio de Información, Asesoramiento, Prevención, Valoración Psicológica y Tratamiento de Menores Víctimas y Menores Ofensores de Abuso Sexual Infantil (ASI) en la Región de Murcia.

La Asociación Albores, ha dedicado más de 15 años de compromiso, experiencia y especialización en intervención psicosocial y acompañamiento de víctimas de abuso sexual infantil, tanto personas menores como adultas. Desde el año 2019 y, por segunda vez a lo largo de la trayectoria de Proyecto Luz, la Asociación Albores viene prestando este servicio en colaboración con la Dirección General de Familias y Protección de menores de la CARM. Derivado de este trabajo colaborativo, aunque sin poder arrojar cifras concluyentes, podemos decir que se ha producido un aumento de la demanda del servicio de Proyecto Luz. Este aumento de casos, no necesariamente obedece a que se produzcan más abusos en la población infanto juvenil en la Región de Murcia, sino que existe una mayor detección de casos por parte de profesionales de ámbitos sanitarios, educativos, protección social y, por las propias familias.

La Experiencia del Abuso


Cada una de las partes del siguiente texto se corresponde con el relato escrito de una persona adulta que fue víctima de abuso sexual durante su infancia y que ha sido capaz de compartir su experiencia. Lo que pretendemos con estos párrafos extraídos de esa carta, es además de dar voz a esta persona, matizar algunas cuestiones generales del abuso sexual infantil.

Al contrario de como se suele pensar, no hay un perfil específico de niño, niña o adolescente al que le pueda ocurrir algo así, como expresa esta persona, víctima de abuso sexual infantil:    

“no es justo, las cosas no debieron ser así, yo nunca debí tener que ser valiente con 8 años, a esa edad se juega, no se pelea”.

 

Tal vez estemos ante una de las mayores formas de maltrato infantil que existen y, que desde luego, no es justo que a ninguna persona le ocurra esto, siendo aún más duro si se trata de un menor que todavía no conoce cómo debe ser el mundo:

«no entiendo por qué no me di cuenta de que eso no estaba bien, si me causaba sufrimiento, nerviosismo, miedo… ¿por qué no pude pararlo? Algo dentro de mi sabía que eso no era un juego, simplemente por el nerviosismo que sentía en cada situación en la que él estaba presente. Llegué a pensar que ¿me gustaba? ¡No! Pero entonces, ¿por qué no hablé antes si las cosas no cuadraban?”.

Las consecuencias de un abuso son complejas y muy diversas según cada víctima, lo que se hace evidente es que siendo un menor el daño puede ser aún mayor; sin recursos para escapar, sin comprender qué está ocurriendo, sin saber que así no es como deben ser las relaciones:

“si no soy como los demás, es porque lo he pasado mal.  Pienso en ello y siento odio, aún tengo su cara grabada en mi cabeza, aún tengo recuerdos que si miro atrás puedo situarme en ellos como si fuese algo vivido ayer”.

Algo que repetimos de manera casi automática a los niños y niñas es que no confíen en los desconocidos, pero ese mensaje, aunque acertado en cierto modo, es insuficiente para esta problemática, ya que las cifras de abuso sexual infantil en el ámbito de la familia o por parte de personas conocidas y cercanas son muy elevadas. Víctima y verdugo en muchas ocasiones tienen contacto constante, o incluso conviven, pudiendo ser ajenos a esta situación el resto de los adultos del entorno:

“cuántas veces intenté alejarlo de mí y no pude, cientos y miles de veces. Nadie se daba cuenta, nadie”.

El mensaje a transmitir a cualquier niño, niña o adolescente es que; cuando algo les haga sentir mal, deben acudir a un adulto de su confianza, pueden ser sus padres o madres, un profesor/a, un familiar… y contarlo, contarlo todo, no se pueden guardar secretos que les hagan sentir mal, vengan de quien vengan estos secretos. Nuestra responsabilidad como adultos en estos casos se basa en que debemos estar abiertos a escuchar cualquier preocupación que los niños tengan, dándoles confianza para hablar, y valorando sus sentimientos y preocupaciones. El momento de la revelación del abuso, cuando el menor reúne las fuerzas necesarias para pedir ayuda, puede marcar el curso de la elaboración posterior de este suceso. Es cierto que, en muchas ocasiones, no podemos evitar que ocurra, pero sí podemos aportar el mayor soporte posible a las víctimas una vez ha ocurrido, así como la protección de que no volverá a ocurrir:

«yo creyendo que le estaba jodiendo la vida al mundo, a su mujer, a sus hijos, a todos. Pensando que nadie me creería y diciéndole a mamá que no quería romper una familia”.

Si los adultos tenemos sentimientos encontrados ante situaciones de este calibre, cabe imaginar todo lo que puede llegar a pasar por la mente de un niño.

Un rayo de luz al final del túnel


La nueva Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, tiene como objeto garantizar los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes a su integridad física, psíquica, psicológica y moral frente a cualquier forma de violencia, asegurando el libre desarrollo de su personalidad y estableciendo medidas de protección integral.

La norma pretende dar el protagonismo que se merecen las víctimas, incorporando importantes avances en la defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes, así como en su protección frente a distintos tipos de violencia. Se centra en la importancia de la sensibilización, prevención y detección precoz

Esta Ley, además de abogar por una colaboración y cooperación entre las administraciones públicas y entre el sector público-privado, implica como agentes de protección al ámbito educativo, sanitario, protección social, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, así como a la ciudadanía que está obligada a comunicar a la autoridad competente cuando advierta indicios de violencia ejercida sobre una persona menor de edad.

La propia Ley hace mención a las consecuencias a corto, medio y largo plazo, que puede llegar a tener el maltrato en la infancia y adolescencia; tales como dificultades de aprendizaje, consecuencias psicológicas y emocionales como trastornos afectivos, trauma, ansiedad, inseguridad y destrucción de la autoestima, problemas de salud mental como ansiedad y trastornos depresivos o intentos de suicidio, y comportamientos perjudiciales para la salud como el abuso de sustancias adictivas o la iniciación precoz en la actividad sexual.

Algunos de los cambios relevantes en la legislación, que afectan directamente al abuso sexual infantil, como una grave forma de maltrato, serían que los plazos de prescripción de los delitos graves no comienzan hasta que la víctima cumple 35 años, además se elimina la figura de “el perdón de la víctima” como causa de la exención de la responsabilidad criminal, asimismo, los familiares del agresor que comete el delito, también tienen ahora el deber de denunciar. Además, se insta a los centros educativos a que cuenten con una persona que coordine los protocolos de actuación, al igual que en centros sanitarios.

En esta norma se pone de manifiesto que es responsabilidad de toda la sociedad, cuidar y proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes, identificando a cualquier administración, estamento y persona, como agente de protección frente cualquier tipo de violencia, incluido del abuso sexual infantil.

Equipo de Proyecto Luz
Valoración y tratamiento del abuso sexual infantil en Murcia

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