El pasado 24 de noviembre, la Organización Mundial de la Salud publicó un informe clave sobre el desarrollo de las capacidades parentales. Más allá de los términos técnicos, el mensaje es directo: acompañar a las familias no es un complemento, sino una estrategia esencial para proteger a la infancia y la adolescencia.
Reforzar la crianza es reforzar la protección
Hay una verdad sencilla pero poderosa que quienes trabajamos con familias comprobamos a diario: la crianza no ocurre en el vacío. Ocurre en la vida real, entre prisas y trabajos que no concilian, entre dudas, miedos, incertidumbres y facturas sin pagar. Se da en hogares que a veces no descansan, en cuerpos cansados, en relaciones atravesadas por el estrés, en contextos que no siempre sostienen. Muchas veces, se da también en soledad. Una soledad silenciosa que pesa más de lo que se dice. Y, sin embargo, las familias siguen intentándolo.
Lo hacen como pueden, como saben, como les han enseñado o como van descubriendo sobre la marcha. Con amor, con errores, con intuición. Y ahí, precisamente, es donde debemos mirar.
Las familias no fallan por falta de amor, sino por falta de apoyos
Esto es lo que señala con contundencia el nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud sobre el desarrollo de las capacidades parentales de crianza. Un documento que reconoce lo que muchas veces se invisibiliza: que criar no es una habilidad individual que se aprende en un manual, sino un proceso relacional que necesita condiciones adecuadas para florecer.
Cuando la crianza se convierte en una batalla contra el tiempo, la presión o la falta de recursos, es fácil que aparezcan tensiones, frustración o la sensación de no llegar nunca. Por eso, acompañar la parentalidad no significa “enseñar a hacer las cosas bien”, como si hubiera una sola forma válida de hacerlo. Significa ofrecer un espacio seguro donde comprender lo que ocurre, aliviar el peso emocional y construir nuevas formas de cuidar que estén en sintonía con las necesidades reales de cada familia.
Acompañar la crianza es prevenir
Apoyar a las familias no es solo una cuestión de bienestar individual. Es también una estrategia de prevención clave en la protección de niños, niñas y adolescentes. Cuando un hogar cuenta con orientación, escucha profesional y recursos adecuados, se fortalece el clima familiar, aumenta la seguridad emocional y se reducen los factores de riesgo que pueden dar lugar a situaciones más graves.
La protección no empieza cuando hay un problema, sino mucho antes: en la posibilidad real de ofrecer calma, claridad y sostén a quienes cuidan.
Por eso, reforzar las capacidades de crianza no debería entenderse como un “extra” o un añadido a otros servicios sociales, educativos o sanitarios. Es, como destaca la OMS, una pieza estructural del sistema de cuidados que toda sociedad debería garantizar .
Crear redes, no cargar responsabilidades
Desde Albores lo comprobamos cada día. Cuando una familia se siente acompañada, algo cambia: baja la tensión, se abre la comunicación, se reparan heridas antiguas y se recupera la confianza en la propia capacidad para cuidar. La crianza deja de vivirse como una lucha solitaria y se convierte en un proceso compartido, más humano, más posible.
Y es que, como sociedad, necesitamos dejar de cargar sobre las familias toda la responsabilidad del cuidado. Las familias no pueden ni deben sostener solas el peso de la crianza. Necesitan redes que acompañen, servicios que respondan, profesionales presentes y políticas que miren más allá de la urgencia.
Acompañar la crianza también implica revisar las condiciones materiales y sociales en las que tiene lugar. No basta con ofrecer consejos o guías. Hace falta tiempo, escucha, accesibilidad, seguridad económica, espacios de conciliación, sistemas que no agoten. Porque criar con miedo, con estrés crónico o con incertidumbre permanente no debería ser la norma.
Una responsabilidad compartida
La crianza no es un asunto privado. Es un tema profundamente político, social y colectivo. Reforzarla requiere la implicación conjunta de administraciones públicas, entidades sociales, servicios sanitarios y comunitarios, medios de comunicación y redes de apoyo informal. Requiere también poner en el centro las voces de quienes cuidan y reconocer sus saberes, sus límites y sus necesidades.
El informe de la OMS plantea un enfoque integral en el que el sector salud tiene un papel clave, pero no exclusivo. La corresponsabilidad institucional es esencial. Desde la atención prenatal hasta la adolescencia, cada etapa requiere recursos, sensibilidad, formación y voluntad para acompañar a quienes acompañan.
Cuidar a quienes cuidan
Si queremos que niños, niñas y adolescentes crezcan seguros, necesitamos construir sistemas que también cuiden a quienes los acompañan en su día a día. Eso significa ofrecer servicios accesibles, confiables y respetuosos. Significa invertir no solo en intervención, sino en prevención. Significa entender que la protección comienza en el gesto cotidiano de quien acompaña y se refuerza en cada apoyo que recibe.
Desde Albores, apostamos por esta mirada. Porque sabemos que reforzar la crianza es reforzar la protección. Y porque creemos que una sociedad que cuida de verdad es aquella que no deja a nadie criando en soledad.
🔗 Consulta el informe completo aquí:
https://www.who.int/publications/i/item/9789240075465