
En Proyecto CySNE trabajamos con adolescentes que, muchas veces, han vivido experiencias que dificultan la relación con uno mismo y con los demás. Por eso, buscamos espacios donde puedan experimentar el cuidado, la atención y el vínculo desde lo cotidiano y lo sencillo. Uno de esos espacios llegó de la mano de Konor, el perro que forma parte del proyecto, y de su adiestrador, que vino al centro a realizar una sesión especial con él… y con el grupo.
Durante la actividad, los y las jóvenes participaron activamente en el proceso de adiestramiento, aprendiendo cómo comunicarse con Konor, cómo entender sus señales y cómo transmitirle seguridad y confianza. Fue una oportunidad para practicar habilidades como la paciencia, la observación, el respeto a los tiempos del otro y la expresión clara de lo que uno necesita. Todo en un entorno cuidado, desde la calma y la escucha.
A través del contacto con Konor, muchos pudieron reflexionar también sobre cómo se relacionan con ellos mismos y con los demás. No se trataba solo de enseñar comandos o trucos, sino de aprender que el cuidado y la relación requieren atención, coherencia y presencia. Cuando uno logra que el otro responda desde la confianza, algo cambia también dentro de uno.

Este tipo de actividades forman parte de nuestro enfoque en CySNE: experiencias que no solo se explican, sino que se viven. Porque cuando un adolescente es capaz de acompañar a otro ser vivo, empieza también a comprender cómo acompañarse a sí mismo.
Konor, con su presencia tranquila y receptiva, se convirtió en un espejo para quienes participaron. Un espejo sin juicio, que devuelve lo que recibe. Y eso, en muchos casos, abre una puerta a formas de relación más sanas y posibles.
Gracias a Konor y a su adiestrador por facilitarnos esta experiencia. Seguimos construyendo relaciones que cuidan, también a través de lo que no siempre se dice con palabras.